Durante el desarrollo fetal masculino, la presencia de la hormona antimülleriana (AMH) hace que los conductos de Müller degeneren y, por tanto, no se desarrollan ni el útero ni las trompas de Falopio, ya que los conductos de Müller son las estructuras precursoras de estos órganos.

Por otra parte, en presencia de andrógenos, los conductos de Wolff se desarrollarán y darán lugar a parte del aparato reproductor masculino: epidídimo, conductos deferentes y vesículas seminales (en azul en la imagen).

En el caso del desarrollo fetal femenino, la ausencia de AMH permite que los conductos de Müller se desarrollen y den lugar al útero y a las trompas (en rosa en la imagen).

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